viernes, 3 de marzo de 2017

1 LA ABUELA DE LOS PECES Ahora sé que las abuelas no viven en peceras. Y que los peces, no escuchan cuentos de abuelas que están fuera de las peceras.Pero para mi, a los cuatro años, la abuela que vivía abajo de mi casa, era la abuela de los peces. Nos habíamos mudado con mi familia a un edificio nuevo de tres pisos por escalera. Ella vivía en la planta baja y nosotros en el 1ro. Al otro día de mudarnos mamá quiso abrir una lata de arvejas pero no encontraba el abrelatas. Buscó un lápiz y anotó algo en un papel, puso el mensaje en la palma de mi mano y me dijo: - Anda hija , tocale la puerta a la vecina de abajo, primero saludala -Buenas tardes señora- y dale este papel. De otra manera no podía ayudarla porque yo no llegaba a ver dentro de los canastos.Ella me acompañó hasta los primeros escalones y después se fue.Repetí lo que tenía que decir muchas veces,bien despacio moviendo toda la boca y en voz baja. No tenia miedo de la nueva vecina, pero si de mi mamá si le contestaba que no o si algo no salia bien. Aunque era chiquita ya sabía qué era lo mejor o lo peor para mi…y lo peor en ese momento era escucharla retándome. Además, cuando ella se enojaba, el cielo se me ponía todo gris. Bajé, la puerta de la vecina estaba entreabierta y sujeta por un gancho. Me asomé, metí un poquito mi nariz y ¡ahí la vi! ¡rodeada de peces de diferentes tamaños y colores !Mi mano se abriò como mi boca y no llegué a decirle nada mientras el papel se me caía. Me olvidè por un momento de todo.Subì a mi casa corriendo: -¡Mamà mamà abajo vive una abuela sirena ! De la sorpresa soltó la lata con tanta mala suerte, que cayò en el borde del plato de la leche del gato, que se desparramò por la cocina. La cara de mamà se iba transformando ...mientras el gato resbalaba tratando de aprovechar lo que se habìa caìdo. Se enojò tanto, tanto, tanto, que empezó a retarme en la cocina y siguiò por el pasillo. Pero el sonido de sus retos se fue transformando en mar, en ocèano lleno de peces de maravillosos colores, avanzando en el agua; subìan, bajaban, se entrecruzaban como hilos sin molestarse unos con otros. Y me daban vueltas alrededor, y un pez distraído se acercaba demasiado y me hacìa cosquillas.¡ Y a mì me gustan las cosquillas! Me reìa tanto tanto que se hicieron un montòn de burbujas que rozaban las aletas de otros peces que tambièn se reían. Y las burbujas me pasaban por la cara, la nariz y me reía todavía más ….. hasta que me sujetaba la panza por la risa y todo el agua era burbujas, burbujas, y parecía una batalla de cosquillas. 2 Otro día vi la puerta entreabierta y la vi dormida en su sillòn de agua, con el libro en la mano. Ningùn pez la molestaba; la rodeaban en silencio. Y esa noche mientras me iba llegando el sueño imaginè què hermoso serìa quedarse dormida y dejarse llevar…y lo pensè tan pero tan intensamente que ahí estaba yo, en mi sueño…durmiendo en su sillòn…sintiendo que algunos peces me susurraban algo al oìdo…no recuerdo bien o no sè còmo explicarlo, porque me sentì tan liviana y tan àgil que hasta creo que hablè el lenguaje de los peces…y ahora, no sabrìa bien, còmo contar todo lo que vi con ojos de pez. Mamà comenzò a hacer todo lo posible para que yo no la mire cuando pasàbamos: caminaba màs ràpido por el pasillo de planta baja, me apretaba màs la mano; me ponìa de espaldas llegando a la puerta para arreglarme el vestido o el peinado.Lo hizo tantas veces- porque todo lo hacìa tantas veces como cuando se enojaba-que enseguida me di cuenta. No le hablè màs de la sirena. Estaba siempre muy ocupada.Tenìa miedo de que se le cayera algo de las manos. Asì que comencè a pintar lo que veìa, y sin mostràrselo a nadie fui agregando de a poco pececitos. Fueron pasando los dìas, mamà arrancaba unas hojas llenas de nùmeros que tenìa colgadas en la pared.Primero los tachaba de a uno y despuès, cuando la hoja estaba llena de cruces, la sacaba. Y abajo habìa otra tambièn llena de nùmeros, limpita. Y me decìa -señalando con el dedo- : -¿Ves? ¡ Las cosas son como son! De acà hasta acà se llama semana. Y estos son los dìas que siempre se repiten igual. Lunes, Martes, Mièrcoles, Jueves, Viernes , Sàbado y Domingo. Y despuès vuelve a comenzar.Prestà atenciòn.¿Ves que no cambian? Pero la abuela y sus peces sì cambiaban. A veces quedaban cerca de sus pies peces naranjas y otras veces verdes y otras plateados. Y los negros y serios se cruzaban por delante de ella. Quizàs, por eso me enterè de la noticia antes que nadie, porque esa tarde pasè y eran muchos los peces negros que se entrecruzaban, casi tapando a la abuela, mientras los demàs estaban màs cerquita de ella. Despuès no me acuerdo muy bien.Mi mamà siguiò sacando las hojas con nùmeros y yo estaba toda triste. ¿Cuàntos pececitos pintè? No me acuerdo. Pero fueron muchos. Un dia encontrò mi cuaderno y me dijo: -¿Ves? Son todos pececitos iguales. Pero para mì, las que eran siempre iguales, eran sus palabras. Ahora, de grande, me paro frente a las vidrieras de los negocios que venden peceras y si miro fijo mucho tiempo, aparece, mi abuela de los peces. Ana M.Allaria

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